1996 fue el año de Trainspotting, tragicomedia del devenir humano que retoma ciertos tópicos recurrentes del cine contemporáneo: sociedad en decadencia, juventud alienada, vacuidad moral y drogas, muchas drogas acompañadas -claro está- de música reiterativa del estado satírico de la existencia posmoderna del humano occidental: la nada como estilo de vida. Sin embargo, una producción en manos de Miramax no podía pasar desapercibida, no desde el punto de vista de las campañas publicitarias tan ostentosas que caracterizan a la distribuidora.